Crónica de un festejo anunciado

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Por Stefanía Camean.

La primera jornada del Aniversario LUL no llovió. Fue un viernes y, aunque nublado, el clima se abstuvo de quebrar la paz en la tarde del luminoso Living de Olivos. Los asistentes superaron las expectativas. Funcionaron cuatro propuestas, en simultáneo y en forma rotativa, coordinadas por voluntarios que representan la labor cotidiana de LUL. Una de las actividades que funcionaron durante toda la jornada fue El living de lectura, coordinado por Chiara Lauria,  compañera, voluntaria, tallerista y estudiante de Letras. Lo particular acá fue que todos tuvieron la posibilidad de leer sus propios escritos, o bien leer y compartir algo de otros autores. Otra de las actividades, Museo de la infancia, propuso la creación del libro ideal de la infancia, en vinculación al arte y la literatura. Este espacio fue promovido por la coordinadora de nuestro ciclo Chocoletras y Silvia Sarkis, fundadora de la editorial Arte a Babor, ambas tomaron las riendas de la coordinación del espacio. La tercera propuesta invitó a reflexionar sobre nuestro rol como voluntarios en relación a la niñez y la tercera edad, dos grupos etarios claves en lo que significa profundizar y reflexionar sobre nuestras actividades de lectura. El nombre de la charla fue La vida es una historia de amores, lo que tal vez nos recuerde que el acto de promover la lectura implica siempre brindar algo de amor al otro, de alguna forma, pero siempre como el ingrediente más importante de la receta. La charla estuvo a cargo de nuestra compañera voluntaria, Agustina Varela, psicóloga y fotógrafa. El cuarto y último espacio,  El reino del verso,  fue una invitación a conocer el trabajo de la poesía y lo que eso significa en espacios como el aula y también fuera de ella. Se comentaron sobre las actividades que se hacen con los chicos en el marco del Rincón de lectura de la Escuela Nº 10 de Martínez, un espacio dedicado a reforzar el hábito lector y a estrechar el contacto con los libros de manera libre y recreativa. Este espacio fue coordinado por Débora Pert, quien lleva adelante el rincón de lectura de la escuela. Entre emociones, momentos de silencio y escucha atenta, llegó la hora del brindis final. Un brindis que resumió la alegría y todo el esfuerzo de diez años de servicio por la lectura, y el placer de compartirlo con todos los asistentes. El show musical cobró un lugar de atención especial, donde las voces de Yanina Scavone, Chiara Lauría, Daniela Rosito, Silvina Rodríguez, dueña del espacio gracias al que todo el evento fue posible, y los músicos Julián Valls, Diego Valentino e Ignacio Bardi. La música, las palabras y las emociones reinaron los dos días de celebración.

Dicen que la lluvia riega los suelos de poesía cuando aparece, que arrasa todo a su paso y deja huellas por donde elige caer. Definitivamente la lluvia dejó reluciente la alegría de lo que significó cumplir 10 años. No sé bien si fue solamente la lluvia, pero siento que hubo algo más que inundó las paredes y los  rincones del Living durante estos festejos. Las gotas chasqueando el suelo, las pruebas de sonido entre chaparrones, fueron solo algunos ingredientes  que  impregnaron de una magia aún mayor a la que ya estaba reinando: no había espacio que no tuviera un decorado relacionado con el esfuerzo y la satisfacción que generan los diez años de existencia de una organización. Desde el hall de entrada, se podía ver grullas de diferentes colores, guirnaldas, fotos que resumían la historia de LUL, globos violetas y verdes, una muestra fotográfica, el logo de la organización en grande. Por la tarde de la segunda jornada, el festejo estuvo de la mano de la lectura dramatizada y musicalizada Habla el lobo y la madrastra,  basado en obras de Patricia Suárez. No fue casual esa elección, ya que una de las primeras actividades que se realizaron de este tipo, por allá en 2010, fue justamente una lectura musicalizada. Por supuesto, no faltó por la tarde la piñata, maquillaje artístico para los chicos y soplar junto a los chicos las velitas de los 10 años.
La cocina fue uno de los primeros espacios a los que llegué (vaya uno a saber por qué). Allí la charla se hizo presente. Fue muy grande mi sorpresa cuando una de las personas, que pensaba que no conocía, me dijo que estaba ahí mismo gracias a mí. Resultó ser una clienta que alguna vez atendí en mi trabajo y le anoté el nombre de la ONG en algún señalador que tenía a mano, algo que suelo hacer cuando percibo que existe interés lector del otro lado. Eso me puso muy feliz. Pero no fue lo único que me sacó una sonrisa. Al comienzo del evento, los chicos encargados de la música, como en la primera jornada, suavizaron la lluvia. Más bien, la hechizaron. Luego de mucho tiempo sin cantar en público,  participé del marco musical, lo que significaba para mí el todo o la nada. Entre charlas, risas, silencios, llegó el momento en que se acumuló la vieja adrenalina y los viejos nervios de siempre, solo que me dio gusto sentirlos esta vez. Resguardados en el quincho por la lluvia, la fiesta concentró toda la energía humana. Uno de los momentos más emotivos fue cuando nos acomodamos en el living, siempre mágico, para ver el video institucional recién estrenado y la entrevista que le hicieron a Daniela, nuestra directora. Luego llegó la hora de las palabras emotivas, los abrazos y la entrega de regalos a cada miembro de la ONG. Las flores dijeron presente, como obviamente la primavera también se mantuvo latente en todo el momento.
Cantamos, compartimos, festejamos. Sentí la vibración del goce del instante y esas ganas de que ese momento no se fuera nunca. La lluvia me ayudó, nos ayudó a que el poema rondara y deambule por todos los rincones, por más nublada que la noche estuviera. No se cumplen 10 años todos los días, como tampoco era común ver que luego del brindis y de la torta, que por cierto era enorme y especialmente decorada, comenzaran a sonar ritmos que invitasen a bailar. Movimiento, música, magia. Tres palabras con M con las que puedo resumir esta segunda jornada.  Hubo algo más que unísonos en esos vientos, las energías lo condensaron todo. Gracias, lluvia.

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