Picnic Literario

Al finalizar la Cuenteada, nos ubicamos en otra parte de la plaza Vicente López y Planes para hacer el Picnic Literario, una actividad que compartimos con los jóvenes. En esta ocasión hubo variedad de lecturas y recomendaciones. Le dimos un especial lugar a la poesía y hemos puesto a disposición algunos libros para regalar a nuestras visitas, como Pizarnik y Whitman. Hablamos de muchas cosas y, sobre todo, compartimos recuerdos en torno a ciertas lecturas. Cecilia, por ejemplo, nos recitó un poema de Fontanarrosa “A veces pienso…”, ella recordaba haberlo leído de adolescente en una revista de Humor gráfico. Victoria, una de nuestras invitadas, lo buscó en el celular para ver si encontraba la fuente y lo curioso es que lo encontramos en un blog, por alguien que también lo sabía recitar, que lo había leído en la misma revista en el ‘72 y lo transcribió para dejarlo plasmado en algún lado. Yo se los dejo aquí:

A veces pienso
no es tan difícil de que esto ocurra
pienso en las cosas que se han perdido
sin yo notarlas, sin yo notarlas
que se han perdido
Fueron quedando
algo pequeñas y retrasadas
aquellas cosas
Basta pensarlas
pero no mucho
Basta fijarse
cuando uno anda
en las pavadas tontas y quietas
tontas pavadas
que los caminos ponen delante
a los que andan
Y vuelven solas,
aquellas cosas
incluso algunas muy tonterías
muy pocas cosas.

Silvina nos trajo “La guarida del pez” y “Entre diálogos de seda y sauces en oración” (haikus) de Susana Boveda. Silvina nos mostró lo cambios que tuvo la tapa de “La guarida del pez”, reflexionamos sobre el título del libro de haikus y nos leyó algunos. Con las jóvenes invitadas se habló un poco de todo. La importancia de la lectura desde la infancia. La escritura juvenil y su proceso. Volvimos a John Green, Alejandra nos trajo “Inevitable desastre” de McGuire y comentamos sobre novelas de ese estilo. Sin duda, los policiales también fueron centrales en nuestra charla: Conan Doyle, nunca se dejará de leer. Graciela nos regaló la lectura de dos poemas de Hugo Mujica, hermosos. Emiliano habló de Cortázar, Yanina ya tiene varios libros en su lista para leer (como suele pasar cada vez que hacemos esto) y Daniela, entre tantos que trajo (Darío, Baudelaire, Pizarnik…) leyó “La caricia perdida” de Alfonsina Storni, incluido en la primer antología que compró sola en una librería cuando era chica y que marcó el inicio de su admiración por la poetiza. Como cierre, se llevaron todos un “Carpe Diem” (Whitman) de recuerdo. El picnic es una grata experiencia para todos, un rato muy agradable entre gente curiosa por los libros. Siempre es un buen lugar para intercambiar mucho más que lecturas.

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